sábado, 5 de enero de 2013

FREUD Y MARX

Aunque muchos señalan  a Sigmund Freud y a Karl Marx como los creadores, en el siglo XIX,   de la  visión sexualista  y materialista que  invade la vida moderna, la verdad es que sus teorías tienen sus raíces en ideas que nacen en Francia unos cuantos siglos antes.
Si se quisiera datar  su comienzo, se podría afirmar que fue   el momento en que el filósofo francés René Descartes, padre de la filosofía moderna, creó su teoría dualista  “decidiendo” la separación del cuerpo y del alma, el espíritu de la materia, y publica su libro “El discurso del método”.  Su influencia ha sido grande en diversas escuelas del pensamiento moderno, y las tesis freudianas y marxistas  deben reconocer que son sus choznos.

Los  marxistas afirman que las artes, la literatura y todos los desarrollos espirituales  superiores del hombre  (la religión, por supuesto, en primerísimo lugar) son superestructuras, frutos, en último término, de la economía y de las relaciones entre capital y trabajo. La religión, opio del pueblo según Marx, no es sino un producto creado por una clase rica para mantener la opresión de los proletarios, haciéndoles soportar las injusticias en espera de un cielo que los recompensará en la otra vida. Si se quiere caminar hacia el logro de una mayor justicia social, afirman, Dios y la iglesia deben quedar fuera: todas las expresiones del espíritu humano deben ser una expresión -y estar al servicio - de la lucha de clases. Si no es así, dejemos que  Alexandr Solzhenitsyn y tantos otros que le hicieron compañía en Gulag, nos cuenten las consecuencias de no obedecer el mandato de los oficiales del partido.

 Las tesis freudianas, por su parte,  afirman que  los desajustes síquicos se originan en la represión de los instintos sexuales  que, inadvertidos por la conciencia por estar ocultos en el inconsciente, pugnan por lograr su satisfacción. De cómo se resuelva el conflicto entre la conciencia normativa y el instinto, dependerá el grado de sanidad que mostrará la personalidad. Es claro, entonces, que destruir toda barrera y permitir su actualización es una tarea por realizar si se quiere lograr la salud de las personas y de la sociedad toda. Abolir los tabúes que la civilización ha ido creando, derribar las normas pacatas y victorianas y destruir la hipocresía que ocultan las leyes morales  serán por consiguiente  parte importante  del quehacer de la autoridad para lograr la felicidad de los suyos. Voluntarios para ingresar a este club sobran, “Carpe diem” es el santo y seña que distingue a sus miembros.

Es fácil observar cómo ambas visiones han ido filtrándose en toda nuestra vida, haciendo del hedonismo y del materialismo los dos ejes más importantes del caminar del hombre moderno, que reclama  su “derecho a la felicidad” por las vías del tener y del gozar. “Seremos  más felices –nos decimos - mientras más bienes  poseamos y en cuanto más  gocemos de la vida”. Quizás sean palabras  muy fuertes, pero  hay motivos más que suficientes para pensar que  los espacios preferidos del hombre moderno son los centros comerciales y los moteles.

Clive Staples Lewis, un profundo y sabio escritor inglés de comienzos del siglo pasado, en su famoso libro “Cartas del diablo a su sobrino” destaca  al  materialismo y  a la “adoración del sexo”   como herramientas muy eficientes y eficaces para lograr la condenación eterna del género humano. Su intuición le hacía ver, ya en los años 30,  cómo  estos dos principios, a los que nuestra sociedad ha dado  carta de ciudadanía, “antes o después acabarán filtrándose a toda nuestra vida. De este modo avanzamos hacia una sociedad en que no sólo cada hombre, sino todos los impulsos de cada hombre exigirán vía libre en este aspecto, carte blanche”.

¡Cuidado con no estar de acuerdo! Cualquiera que se atreva a levantar su voz y optar por hacer un camino diferente,  rápidamente será segregado y tachado de ser un integrista enemigo del progreso, anticuado,    gazmoño,  aguafiestas y    puritano. Mediante el uso de estos descalificativos, dice Lewis con una dosis de ironía, se logrará  rescatar “de la templanza, la castidad y la austeridad de vida a millares de humanos”.

Se acerca la fiesta de  la Navidad y el periodo de las vacaciones de verano. Serán tiempos que nos darán una buena oportunidad para conocernos y descubrir  cuáles son nuestras  motivaciones  y darnos cuenta de si es verdad o mentira esto de que el afán de tener y  la búsqueda insaciable del  placer son dos de los motores más importantes de nuestro comportamiento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario