lunes, 21 de enero de 2013

MATRIMONIO: UNA CON UNO

Aunque sea políticamente incorrecto e impopular, es menester dejar en  claro tres verdades: que existe el hombre y la mujer, que son diferentes y que hay una masculinidad y una feminidad asociados al sexo.  Parece obvio, pero cada vez lo es menos porque la campaña para sustituir el claro y evidente concepto de  “sexo”  por el de “género” gana cada vez más adeptos, que  parecen no haberse dado cuenta de las nefastas consecuencias que puede ocasionar el cambio en la familia humana.


Ya desde el mismo momento de la fecundación, la segmentación del cigoto comienza a originar seres humanos con sexo, completamente diferentes  en sus  órganos y en sus sistemas. Tan pronto lo permite la ecografía, los padres son informados del sexo del hijo: es hombre o es mujer. Como tal será inscrito en el Registro Civil, así quedará estampado en la Cédula de Identidad y, conforme a su sexo,  será nombrado, educado y tratado.

Según los ideólogos del género no hay  una naturaleza masculina y femenina que se derive de esas evidentes diferencias físicas  y biológicas. Los hombres y las mujeres, afirman,  nacen como una especie de “hojas en blanco” sobre las cuales la propia autonomía, la familia, el colegio y la sociedad van “escribiendo” lo que es femenino o masculino, roles que son, por lo tanto,  sólo construcciones culturales y sociales, estereotipos creados por la sociedad. Todo es producto de la crianza y la educación.

De acuerdo a lo anterior, no tendría sentido atribuir el rol de padre a un varón y el de madre a una mujer. Cualquiera puede adoptar el rol de padre o de madre, uno de los dos sexos es prescindible porque es posible adoptar la masculinidad o la feminidad según el momento y la ocasión. Más claro: un hombre puede ser  madre como lo es una mujer y una mujer puede ser padre como lo es un varón.

Estos  ideólogos han hecho un buen trabajo al poner en la  discusión pública  y  llevar  al parlamento lo que es una consecuencia lógica de su pensamiento: el acuerdo de vida en pareja- incluidos los homosexuales- para avanzar posteriormente al matrimonio homosexual. ¿Quién duda que el colofón será  la   adopción de hijos?

San Agustín definió el matrimonio como la “unión de uno con una y para siempre”. Así como la ley de divorcio ya  borró   el  “para siempre”, ahora se  intenta sustituir el “uno con una” por el  “uno con uno” o  el  “una con una”. La sociedad parece aceptarlo todo.

 Chesterton escribió, con la sabiduría de su gran  sentido común,  a propósito de la coeducación, una paradoja  que bien se puede aplicar aquí: “Que no una el hombre lo que Dios ha separado”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario