sábado, 5 de enero de 2013

OTRA MIRADA A PROPOSITO DE DANIEL ZAMUDIO


 

 

Está muy bien que a raíz del abominable y cruel  crimen de Daniel, perpetrado por 4 jóvenes con rasgos sicopáticos, el país entero lo haya condenado y los poderes del estado, con mucha razón, se hayan apresurado por consensuar una ley que prohíba todo tipo de discriminación y que ahora actúe la justicia para hacer su parte.
Lo obrado está bien, pero es aún insuficiente. Es menester un enfoque más profundo de los hechos y hacer otra lectura de lo acaecido. Al leer las biografías de los cuatro criminales la mirada se dirige a sus hogares y a sus familias. Y es fácil observar que provienen de familias destruidas, que las escuelas a los que asistieron no lograron formar en ellos hábitos ni virtudes, ni les entregaron herramientas que les hubieran posibilitado acceder al mundo laboral con un mínimo de competencias.

Sus historias nos debieran permitir llevar la discusión a otro terreno, ya que en Chile estamos demasiado acostumbrados a pensar que la ley es la panacea  para enfrentar todos los males sociales. Hoy es indispensable y urgente volver nuevamente la mirada a  la familia para poner todos los esfuerzos posible para protegerla y robustecerla; es necesario  crear buenas guarderías y centros para el cuidado de niños y ancianos;  construir casas y barrios que faciliten la  vida familiar y social;  hay que desarrollar una red de canchas múltiples  iluminadas en cada población, que  estén bajo el cuidado de monitores pagados; plazas, césped y bancos para que acudan los niños con sus padres y tengan  alternativas de diversión distintas a las que ofrecen los moles;  construir escenarios para espacios culturales y artísticos que  permitan la expresión de grupos musicales y teatrales surgidos desde  clubes juveniles vecinales. Directo y al mentón: hay que volver a convertir a la casa y la familia, al barrio y a los vecinos en  un lugar de convivencia, donde toda persona, encuentre cariño, protección,  refugio.  Sin duda alguna sería una inversión altamente rentable que en un futuro cercano podría disminuir sensiblemente nuestros índices de pobreza y criminalidad. Pero por sobretodo reconstruir un país más bello,  acogedor, solidario y más feliz.

 

Abelardo González Alvarado

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