lunes, 4 de febrero de 2013

EL REALITY HUMANO


 

Con la agudeza e  inteligencia que lo caracteriza, Cristián Warnken se pregunta en una de sus columnas  de reflexión si por el excesivo afán exhibicionista y voyerista que hoy muestran muchas conductas humanas,  la realidad de nuestra vida cotidiana no se estará convirtiendo en un verdadero reality. Y la muy oportuna pregunta surge al observar ese  “deseo profundo y ahora desbocado  de hacer pública y visible la intimidad, la privacidad, lo que el hombre ha luchado por preservar de toda forma de espionaje o control”.


 Una muestra clarísima de lo acertado de la observación es la vestimenta, especialmente -no exclusivamente-  en el caso de las mujeres, en las que muchas veces nada o muy poco deja  para la imaginación de los hombres. No importa ser joven o menos joven, gorda o flaca, lo importante es estar a la moda y vestirse como las demás; es necesario exhibirse y andar por la calle como si se estuvieran en la playa y en la playa como si se estuviera en el baño. El tema no es ser  pacato y propiciar el uso del burka, del velo islámico o de cualquier tipo de vestimenta talar. En absoluto. Sólo se trata de vivir la virtud del pudor, que  naturalmente debiera llevar a la mujer a la  protección de  su cuerpo que no está dispuesto a compartir con todo el mundo, sino con uno o con nadie.

El agradar,  verse y quedar bien no es opuesto a estar a la moda, y así lo demuestran miles de mujeres que con elegancia, decoro y buen gusto muestran su figura y su feminidad, provocando   miradas de admiración,  pero nunca de  voluptuosidad.

Otro ámbito importante donde se ha desbordado la falta de pudor es en el lenguaje: todo se cuenta, todo se informa, nada es íntimo. ¡Con qué facilidad se cuenta la vida propia, la de los hijos o la del cónyuge, a cualquiera, sin necesidad! Basta escuchar cualquier conversación  de celular o de mirar el faceboook  para enterarse de la vida privada ajena. ¿Por qué ese afán de ventilar y hacer públicos  los temas del hogar?

Una buena  entrevista, realizada por un buen periodista, es un excelente medio  para conocer  la  vida pública y privada  de algún personaje importante. Es su deber darse a conocer y es nuestro derecho el conocerlo, pero de ahí a enterarse de (sic) “qué experiencia sexual lamenta no haber realizado” o si cuando “encontró al hombre o a la mujer de su vida ¿tuvo la delicadeza de cambiar el colchón de su cama?”, hay un salto que marca una diferencia gigantesca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario