lunes, 11 de febrero de 2013

¿HOMBRE AL TRABAJO Y MUJER A LA CASA?


 

 

En la Biblia está clarísimo que la bendición y el mandato de Dios fue  para  el hombre y la mujer juntos: “procread y multiplicaos (tener hijos y educarlos)  y llenad la tierra (trabajar y procurarse los medios para vivir)”.  Es así como lo “pensó” el Creador desde el comienzo de los tiempos, dar a ambos la responsabilidad de formar una familia y, mediante el trabajo,  procurarse los medios para sacarla adelante. No le dijo a Adán “tú a trabajar” y a Eva “tú a la casa a educar a la prole”, que, por desgracia,  ha sido un pensamiento fuertemente  arraigado en la mente de no pocos,  y responsable de un paradigma que ha causado  mucho daño a lo largo de la historia, especialmente a la mujer.


Con roles, con funciones, con formas y maneras distintas, la responsabilidad de la familia y del trabajo es  tanto del hombre como de  la mujer, del esposo y de la  esposa, del  padre y de la madre, quienes, con entera libertad, pero conforme y con respeto a la  naturaleza de cada cual, tienen el derecho a tomar las decisiones que más le convengan,  según su situación, intereses y valores. En este ámbito el Estado no puede ni debe intervenir, correspondiéndole sí el importante rol de crear las condiciones para  permitir a marido y mujer conciliar de la mejor forma posible el trabajo con la familia. En este aspecto cabe destacar muy positivamente la ley del postnatal compartido de seis meses, y muy negativamente la escasa flexibilidad horaria que ofrece  nuestro Código del Trabajo.

Hombre y mujer son iguales  en su dignidad y ambos, conforme a sus talentos, tienen el derecho a desarrollarse  plenamente tanto  en el mundo familiar como en el laboral, político, artístico, deportivo y cultural, pero  cada uno conforme a su propia y singular naturaleza. Para decirlo de una manera simple: la forma en que el hombre ejerce su rol de esposo y padre dentro del hogar debe ser  masculino. Aunque se ponga delantal para cocinar y mude a sus hijos, no es necesario que se transforme en una madre temporal. Por su parte, la manera en que la mujer aborda el mundo del trabajo debe ser femenina, aunque sea astronauta o mecánica de autos; no es necesario que se enrudezca sus actitudes para tener éxito.

Hombre y mujer, en completa igualdad de derechos y deberes en cuanto personas, en perfecta complementación, colaboración y armonía, están llamados a hacer su aporte original, único, irrepetible e indispensable, tanto en el hogar como en el trabajo,  para hacer de este, un mundo cada vez más justo y mejor.

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