viernes, 22 de marzo de 2013

A LA ESPERA DEL HUMO BLANCO


 

Mañana se inicia en Roma el cónclave durante el cual los cardenales  elegirán al Papa  que sucederá a Benedicto XVI. La proliferación de artículos escritos por periodistas  acreditados, los análisis de “vaticanistas”  expertos en “papabiles”   y la amplitud con que  se ha venido cubriendo la noticia,  son una clarísima señal de  que este es  un tema que interesa al mundo  entero. Reporteros de todo el orbe se congregarán en la Plaza de San Pedro a la espera del humo blanco que anuncia que “Habemus Papa”, listos para captar con sus cámaras el instante en que el nuevo Papa se asome al balcón y entregue su primera  bendición “Urbi et Orbi”


Y es lógico que así sea puesto que la voz del Papa  es siempre  escuchada por todos con atención y respeto. Como máximo representante de la Iglesia, se erige como un faro, acaso el único, que señala al hombre  la ruta que le conduce  a la  verdadera  felicidad; como madre y maestra  (Mater et Magistra), se preocupa por  el progreso de la humanidad y el justo reparto de la riqueza (Populorum Progressio); pide y exige  que reine la paz y la concordia entre los pueblos  y que dejen atrás el flagelo de la guerra (Pacem in terris); que haya desarrollo con  justicia social (Sollicitudo Rei  Socialis); habla de la dignidad del trabajo  y demanda respeto por los derechos de los trabajadores (Laborem Excercem); le interesa la familia fundada en el matrimonio (Familiaris Consortio), la dignidad de la mujer (Mulieris Dignitatem) ) , el respeto por la vida (Humanae Vitae), los enfermos (Salvifici Doloris ), los ancianos, los jóvenes, los niños, los intelectuales y los artistas. Como experta en humanidad, nada de lo que  afecta al hombre le es ajeno.

Pero los católicos del mundo entero esperamos de una manera diferente al  nuevo Papa; para nosotros no sólo es una voz inteligente y sabia,  sino  otro Pedro,  un nuevo Pastor,  el Vicario que  representa al Dulce  Cristo en la tierra. Lo nuestro no es hacer  cávalas ni pronósticos, sino estar pidiendo al Espíritu Santo que  haga escuchar su voz con claridad a los Cardenales Electores para  que  sean dóciles y  fieles instrumentos a Su designio en el momento de emitir su voto. Todos, como una sola voz,  debemos  rezar y pedir a Dios  por el próximo Papa, a quien desde ya debemos amar,  sea quien sea.

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