martes, 2 de abril de 2013

¿VIRTUDES, QUE ES ESO?


 

Parece estar tan olvidada o en desuso en la vida moderna la palabra “virtud”, que su exacta definición se hace casi incomprensible para una gran cantidad de personas. Haciendo un esfuerzo, tal vez podrían asociarla con el cielo, con la iglesia, con los santos o con  “algo” relacionado con la vida espiritual. Pero ni remotamente  con la educación moral, con sus  propias acciones ordinarias, con el aquí y ahora de sus labores cotidianas en medio del estudio, del deporte, de la diversión.


Y como no se sabe lo que son, no se viven y ¡se echan muchísimo de menos!

En forma sencilla se puede decir que una conducta cuando se repite se transforma en hábito, que, si es malo se llama vicio y si es bueno, se llama  virtud. Una virtud es por lo tanto una manera “habitual” de actuar, una tendencia, propensión o “virtualidad” de hacer las cosas bien, de forma correcta: el orden, la obediencia, el respeto, la generosidad, la valentía, la sinceridad, la justicia, la paciencia, la laboriosidad, la audacia, la sencillez, la sobriedad, la prudencia…..

Sin duda que el aprendizaje de las virtudes comienza en la cuna y es la familia la primera y la mejor escuela para aprenderlas. Es  el hogar – y no el colegio- la primera escuela de las virtudes humanas y son los padres –no los profesores- los primeros educadores de ellas; es en casa donde de tanto respirarlas, verlas, escucharlas, tocarlas y gustarlas, los hijos hacen suyos comportamientos malos o buenos que observan porque “nada es tan influyente ni determinante en la vida de un niño como el poder moral de un ejemplo silencioso”.

Para que los niños se tomen las virtudes en serio, deben estar en presencia de adultos que se las tomen en serio y las  deben observar con sus propios ojos en los rasgos de carácter y en  las conductas de sus padres y profesores. Si no es así, aparece un doble estándar que, por farisaico y esquizofrénico,  produce el rechazo que provoca el  “cura Gatica” y el “capitán Araya”. La tarea de formar y educar no son fáciles ni cómodas, más nadie ha dicho que la labor de ser padre o maestro lo fueran. Requiere del  esfuerzo constante, que a través de sus respectivos radios de acción, ofrecen  una manera más correcta y más humana de ser. La “cultura del éxito”, del logro inmediato que quiere obtenerlo todo en un instante, atenta contra la perseverancia educativa que requiere la  educación de la virtudes, pero es necesario perseverar con optimismo en esta tarea maravillosa de la educación de jóvenes virtud.

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