sábado, 25 de mayo de 2013

¿RICO MAC PATO O CONDORITO?


 
 

Al observar tanto sufrimiento y dolor en la vida de tantas personas, existe la tentación de afirmar que lo que  anhelan por todos los medios es su infelicidad. Pero eso  no  es posible toda vez que el ser humano tiene grabado a fuego en su naturaleza el deseo de vivir y de ser feliz. Y esto no lo puede cambiar ni destruir, aunque quisiera. En una palabra: el hombre no puede querer no ser feliz. ¿Cómo, entonces, se explican esas conductas que lo hacen perderse en  meandros que lo descaminan o contentarse con  sucedáneos que no lo satisfacen plenamente?, ¿porqué se mezquinan y no se esfuerzan por lograrla?, ¿saben qué es lo que los hace verdaderamente feliz?

Más que la sicología o la filosofía, es  la propia existencia la que  nos dice que  nada es posible si no es posible la felicidad y que toda felicidad es felicidad de amor. Los hombres y las mujeres son felices por amar a alguien  y por sentirse amados por alguien, ya sea amigo,  hijo, padres, cónyuge o Dios. Es el amor la razón y causa de la felicidad, y es su carencia la que produce infelicidad; el que ama está alegre, se siente liviano, respira con plenitud  y hace el camino de la vida con optimismo, independiente de los muchos o pocos problemas que pudiera  enfrentar. Por el contario, el que no ama, aunque lo tenga todo,  vive de luto, se siente solo, triste y agobiado.  “Quien no ama a nadie ni a nada –afirma el filósofo alemán Josef  Pieper-  no puede tener alegría, por muy desesperadamente que la busque (y), en tal situación, adquiere toda su fuerza la tentación de autoengañarse con el “paraíso artificial””, que es mentiroso,  engañoso y perecedero. A él  se llega por  el consumo de drogas o por la búsqueda insaciable de bienes materiales, de sexo sin amor, de dinero o de poder.

Para que  quede claro   que es el amor lo único que colma los anhelos de felicidad del corazón  humano, cada uno debiera contestar con sinceridad la siguiente pregunta: ¿quién es más feliz, el Tío Rico Mac Pato, encerrado en su riqueza, rabioso, patológicamente tacaño, egoísta, desconfiado, pero que vive  solo y sin el cariño de Donald, de Hugo, de Paco y de Luis o, por el contrario,  Condorito, pobre, con una casa generosa,  a la que puede entrar sin “gorpeal”  el que quiera (salvo Saco de Plomo), pero rodeado del amor de Yayita, del cariño incondicional de su cumpa, del Garganta de Lata, del padre Venancio y con la fiel compañía de Coné y Washington?

El 100% ha respondido en forma correcta: Condorito.

¿Y entonces?

 

¡VIVA LA VIDA!


 

Pese a ser una muy importante noticia, ningún medio de comunicación la destacó: después de haber sido aprobado por unanimidad en el Senado de nuestro país, la Cámara de Diputados por 54 votos a favor y 35 en contra aprobó que, del mismo modo como sucede en otros países,  el 25 de marzo se celebre oficialmente el Día del Niño por Nacer. Chile dio así un paso fundamental hacia el reconocimiento de la vida desde la concepción, al niño en gestación y a la maternidad, otorgándoles la dignidad que se merecen.

Una antigua película  muestra a un hombre que desea suicidarse y le es dado ver,  a modo de contrapunto, cómo se desenvuelve la vida con y sin su presencia, observando todo lo que sucedería si él hubiera muerto y el curso diferente de tantos acontecimientos que fueron posibles porque estaba vivo. De una manera análoga, sería interesante hacer una película  con testimonios  de hijos que estuvieron a punto de ser víctimas de una  mano cobarde e imaginar su vida, la de sus padres y sus hermanos,  sus abuelos, sus tíos y amigos, si ellos no hubieran nacido. ¿Habría sido mejor el mundo, serían más felices sus padres? ¿Qué hubiera sido de la historia sin Aristóteles, sin Pitágoras, sin Leonardo da Vinci, sin Miguel Angel, sin Pasteur,  sin Bach…..sin Cantinflas, sin el Chavo, sin John Lennon, si sus madres les hubieran abortado?

Cada uno podría hacer este fácil ejercicio consigo mismo y darse cuenta de tantas cosas que han ocurrido en la vida, nada más que por haber nacido, por existir y ser lo que se  es; por haber estado ahí en ese preciso momento, por haber  dicho “te quiero”, por haber dado un apretón de mano, por perdonar, por dar un consejo, por haber dicho sí o por haber dicho  no; por haber rezado…. y porque , gracias a esas palabras y a esos gestos, la historia tuvo un transcurso que no habría tenido sin ellos. Al final de cuentas cada uno puede percibir con claridad que  siempre  vale la pena vivir la vida, porque es un don que no nos pertenece, valioso,   único, irrepetible, irremplazable e insustituible; porque siempre  es mejor que la muerte y, por fin, porque, como el título de esa otra maravillosa película italiana, “la vida es bella”.

El  aborto puede ser legal, pero no ha sido, no es ni será nunca  una opción moralmente legítima ya que nadie puede atentar contra la vida  de un ser humano, menos aún con la de quien no puede defenderse.

¡Qué paradoja: la vida  corre peligro en el lugar donde debiera estar más segura y  mejor protegida!

 

LOS CROODS: SEGUNDA PARTE


 
La familia Croods, decíamos en la columna anterior, tiene aspectos muy positivos y destacables,  y que también, como los negativos, son dignos de ser  llevados a la conversación familiar.

Como por ejemplo, la importancia de la familia, en este caso  conformada por papá, mamá, hijos y abuela. No es un dato irrelevante de destacar en un país como Chile en el que, según cifras del censo 2012, sólo un 37 % de la población está casada y vive con su esposo o esposa, y que muestra un fuerte aumento de hogares  mono parentales. ¿Es mejor  para un niño crecer en un hogar con papá y mamá que en un hogar con sólo un papá o una mamá? ¿No es acaso innatural que un niño tenga dos papás o dos mamás, cómo aprenden a distinguir lo femenino de lo masculino? Hoy, que con tanta facilidad  se lleva a la palestra de la discusión pública los valores familiares, es importante que el matrimonio “de una con uno” quede bien definido en nuestras leyes, que se fortalezca a las familias, tal como lo manda la Constitución Política de Chile,   mediante políticas públicas que mejoren la flexibilidad laboral y el acceso a viviendas decentes que posibiliten una sana convivencia; fundar salas cuna y jardines infantiles a lo largo de todo el país; mejorar aún más el  programa de auxilio escolar y de alimentación para escolares y de becas y subsidios para estudiantes de educación superior.

Como por ejemplo,  desarrollar al interior de la familia una serie de convenciones y rituales propios que les caractericen y les den un sello propio. Así como los Croods se reunían para escuchar en la noche los cuentos de papá, las familias pueden juntarse los viernes para ver películas y luego comentarlas, salir los sábados en la mañana a correr o pasear en bicicleta…la meta es hacer del hogar un lugar de encuentro que sea luminoso, alegre y entretenido. Eep Croods se quejaba porque el suyo era oscuro, aburrido  y triste. Y cambió  cuando llegó el fuego y con él la luz, los colores, las flores, el aire fresco, la aventura.

Como por ejemplo saber  que más que la sangre debe ser el amor el lazo profundo que une a la familia; hay que  aprender a demostrar el cariño, convirtiéndolo en gestos, en palabras, en hechos. Grug, el padre y Eep, la hija, nunca se habían dicho que se querían ni descubierto la enorme felicidad de darse un abrazo que expresara ese cariño. Porque no basta con decir “te quiero”, hay que demostrarlo: “Obras son amores..……”, que hacen dejar de lado  el egoísmo para volcarse por entero a la familia, buscando el tiempo para compartir con los hijos. La felicidad está en dar más que en recibir. Mi felicidad es la felicidad de mi familia, yo soy feliz porque tú eres feliz.

 

LOS CROODS: TEMAS DE FAMILIA



En la muy recomendable película “Los Croods”, se relata la vida de una familia que, por el  miedo cerval del padre a los peligros del mundo, vive encerrada en una cueva, sin contacto con el medio.  Una linda película, digna de ser vista por todos para  luego, con un rico paquete de cabritas, llevarla  a casa como buen tema de conversación familiar.

Como por ejemplo el encierro de las familias en sí mismas, que desarrollan una especie de autarquía que limita al máximo todo intercambio con los demás: no dan ni piden, no visitan  ni les gusta recibir visitas; desarrollan a su alrededor una membrana que no permite la osmosis con nadie ajeno a su círculo, sólo importan los que están dentro del  que dibuja Crug  Croods, el padre,  en la pared de la roca; son impermeables a las necesidades del prójimo;  egoístas, impasibles ante el dolor ajeno, indiferentes e insolidarias.

Como por ejemplo la autoridad omnipotente y temible de algunos padres que parecen olvidarse que su casa no es un cuartel y sus hijos no son sus  reclutas, dispuestos a cuadrarse con temor ante sus mandatos. La autoridad de los padres es indispensable en la familia, hoy más que nunca, pero una autoridad que razone, que antes de impartir una orden debe saber cómo manda,  qué manda y  a quién manda. “”Porque yo te lo digo” es un estupendo motivo para los hijos pequeños, y no tan estupendo para los hijos adolescentes”, acota Diego Ibáñez en su libro “Educar con fundamento”.

Como por ejemplo el respeto a la libertad de los hijos, quienes tienen el derecho a ir emancipándose de a poco de las decisiones de sus padres. Los niños deben aprender desde  chicos a tomar las suyas, en temas intrascendentes al comienzo, para ir poco a poco ampliando el espectro de  los temas que deben decidir solos, sin tantas reglas. La libertad es un riesgo que debe correrse (con prudencia, claro está), y, junto  con darla, se debe exigir la correspondiente responsabilidad por los actos realizados. Crug no se da cuenta de que Eep, la hija, está creciendo, que ya no es una niña, y que no puede seguir tratándola como tal.

Como por ejemplo la sobre protección de los niños, el criarlos y educarlos entre algodones y cojines blandos, sin exigencias, cómodos y perezosos; no conocen el sacrificio, el vencimiento de la flojera ni la privación de un capricho, ni la renuncia a algo legítimo para favorecer a los demás; se les ahorra cualquier esfuerzo y nunca pasan hambre ni frío, no conocen la pena y tan pronto lanzan un ay se corre para  sanar la yaya, hacerles un nanay  y  tomarlos en upa. Estos niños luego no conocerán lo que es la reciedumbre, la fortaleza ni la templanza, virtudes indispensables para vencer los obstáculos, riesgos y peligros, como los que enfrentaban los Croods cuando abandonaban la cueva.

Pero también los Croods tienen muchísimas cosas buenas, que quedan para una próxima columna.

ALGO HUELE MAL


 

La información da cuenta de que entre los “libros más vendidos” durante las últimas semanas  en España, Chile, Colombia y Argentina, se encuentra la trilogía “Cincuenta sombras de Grey”,  una saga de tres novelas escritas por la novelista británica E.L. James, “que describe la relación entre una recién graduada de la universidad, Anastasia Steele, y un joven magnate de negocios, Christian Grey. Se destaca por sus escenas explícitamente eróticas, con elementos de las prácticas sexuales que involucran: bondage/disciplina, dominación/sumisión, sadismo/masoquismo”. En Chile la lista se  completa con Amor, de Isabel Allende (“fragmentos sobre el amor y el deseo”) y Desnuda, de Raine Miller (“novela erótica sobre la relación entre una atormentada modelo y un atractivo millonario”)

La noticia se completa con la información de  que los millones de ejemplares vendidos  han significado pingües ganancias para las autoras (nótese: las tres  son mujeres  con más de medio siglo cada una),  las editoriales y  las librerías. El último eslabón de esta cadena son los lectores,  y la pregunta pertinente es: ¿han ganado o han perdido con su lectura?: si han ganado ¿qué? ¿acaso su espíritu se ha expandido, son más cultos y tienen mejores elementos para comprender el mundo y sus complejidades; han adquirido una mejor compresión  de lo que es el amor y la sexualidad? Y si  han perdido ¿ha sido sólo  tiempo y dinero?

Sin duda que la noticia es un  claro reflejo del pansexualismo que hoy domina la sociedad y que se expresa en  todos los ámbitos del quehacer humano: la moda, el lenguaje, el cine, la publicidad, el periodismo,  la música, la televisión  y también la literatura. El mercado tiene una amplia y variada oferta, para cualquier tiempo, para todos los gustos y para todas las edades:  las  ansias de placer sensual  se ha transformado en una verdadera droga  que se consume creyendo encontrar en ella  la   felicidad.  

Clive Staples Lewis, un profundo y sabio escritor inglés de comienzos del siglo pasado, en su libro “Cartas del diablo a su sobrino” destaca  al  materialismo y  a la “adoración del sexo”   como herramientas muy eficientes y eficaces para lograr la condenación eterna del género humano. Su intuición le hacía ver, ya en los años 30,  cómo  estos dos principios, a los que nuestra sociedad ha dado  carta de ciudadanía, “antes o después acabarán filtrándose a toda nuestra vida. De este modo avanzamos hacia una sociedad en que no sólo cada hombre, sino todos los impulsos de cada hombre exigirán vía libre en este aspecto, carte blanche”.

“Algo huele mal” dice Hamlet en la obra homónima de Shakespeare,  para señalar que algo no anda bien en  el reino de Dinamarca. Tiene razón: algo huele mal, pero no sólo en Dinamarca.

 

 

ALGO HUELE MAL

La información da cuenta de que entre los “libros más vendidos” durante las últimas semanas  en España, Chile, Colombia y Argentina, se encuentra la trilogía “Cincuenta sombras de Grey”,  una saga de tres novelas escritas por la novelista británica E.L. James, “que describe la relación entre una recién graduada de la universidad, Anastasia Steele, y un joven magnate de negocios, Christian Grey. Se destaca por sus escenas explícitamente eróticas, con elementos de las prácticas sexuales que involucran: bondage/disciplina, dominación/sumisión, sadismo/masoquismo”. En Chile la lista se  completa con Amor, de Isabel Allende (“fragmentos sobre el amor y el deseo”) y Desnuda, de Raine Miller (“novela erótica sobre la relación entre una atormentada modelo y un atractivo millonario”)

La noticia se completa con la información de  que los millones de ejemplares vendidos  han significado pingües ganancias para las autoras (nótese: las tres  son mujeres  con más de medio siglo cada una),  las editoriales y  las librerías. El último eslabón de esta cadena son los lectores,  y la pregunta pertinente es: ¿han ganado o han perdido con su lectura?: si han ganado ¿qué? ¿acaso su espíritu se ha expandido, son más cultos y tienen mejores elementos para comprender el mundo y sus complejidades; han adquirido una mejor compresión  de lo que es el amor y la sexualidad? Y si  han perdido ¿ha sido sólo  tiempo y dinero?

Sin duda que la noticia es un  claro reflejo del pansexualismo que hoy domina la sociedad y que se expresa en  todos los ámbitos del quehacer humano: la moda, el lenguaje, el cine, la publicidad, el periodismo,  la música, la televisión  y también la literatura. El mercado tiene una amplia y variada oferta, para cualquier tiempo, para todos los gustos y para todas las edades:  las  ansias de placer sensual  se ha transformado en una verdadera droga  que se consume creyendo encontrar en ella  la   felicidad.  

Clive Staples Lewis, un profundo y sabio escritor inglés de comienzos del siglo pasado, en su libro “Cartas del diablo a su sobrino” destaca  al  materialismo y  a la “adoración del sexo”   como herramientas muy eficientes y eficaces para lograr la condenación eterna del género humano. Su intuición le hacía ver, ya en los años 30,  cómo  estos dos principios, a los que nuestra sociedad ha dado  carta de ciudadanía, “antes o después acabarán filtrándose a toda nuestra vida. De este modo avanzamos hacia una sociedad en que no sólo cada hombre, sino todos los impulsos de cada hombre exigirán vía libre en este aspecto, carte blanche”.

“Algo huele mal” dice Hamlet en la obra homónima de Shakespeare,  para señalar que algo no anda bien en  el reino de Dinamarca. Tiene razón: algo huele mal, pero no sólo en Dinamarca.

 

 

 
ALGO HUELE MAL
La información da cuenta de que entre los “libros más vendidos” durante las últimas semanas  en España, Chile, Colombia y Argentina, se encuentra la trilogía “Cincuenta sombras de Grey”,  una saga de tres novelas escritas por la novelista británica E.L. James, “que describe la relación entre una recién graduada de la universidad, Anastasia Steele, y un joven magnate de negocios, Christian Grey. Se destaca por sus escenas explícitamente eróticas, con elementos de las prácticas sexuales que involucran: bondage/disciplina, dominación/sumisión, sadismo/masoquismo”. En Chile la lista se  completa con Amor, de Isabel Allende (“fragmentos sobre el amor y el deseo”) y Desnuda, de Raine Miller (“novela erótica sobre la relación entre una atormentada modelo y un atractivo millonario”)
La noticia se completa con la información de  que los millones de ejemplares vendidos  han significado pingües ganancias para las autoras (nótese: las tres  son mujeres  con más de medio siglo cada una),  las editoriales y  las librerías. El último eslabón de esta cadena son los lectores,  y la pregunta pertinente es: ¿han ganado o han perdido con su lectura?: si han ganado ¿qué? ¿acaso su espíritu se ha expandido, son más cultos y tienen mejores elementos para comprender el mundo y sus complejidades; han adquirido una mejor compresión  de lo que es el amor y la sexualidad? Y si  han perdido ¿ha sido sólo  tiempo y dinero?
Sin duda que la noticia es un  claro reflejo del pansexualismo que hoy domina la sociedad y que se expresa en  todos los ámbitos del quehacer humano: la moda, el lenguaje, el cine, la publicidad, el periodismo,  la música, la televisión  y también la literatura. El mercado tiene una amplia y variada oferta, para cualquier tiempo, para todos los gustos y para todas las edades:  las  ansias de placer sensual  se ha transformado en una verdadera droga  que se consume creyendo encontrar en ella  la   felicidad.  
Clive Staples Lewis, un profundo y sabio escritor inglés de comienzos del siglo pasado, en su libro “Cartas del diablo a su sobrino” destaca  al  materialismo y  a la “adoración del sexo”   como herramientas muy eficientes y eficaces para lograr la condenación eterna del género humano. Su intuición le hacía ver, ya en los años 30,  cómo  estos dos principios, a los que nuestra sociedad ha dado  carta de ciudadanía, “antes o después acabarán filtrándose a toda nuestra vida. De este modo avanzamos hacia una sociedad en que no sólo cada hombre, sino todos los impulsos de cada hombre exigirán vía libre en este aspecto, carte blanche”.
“Algo huele mal” dice Hamlet en la obra homónima de Shakespeare,  para señalar que algo no anda bien en  el reino de Dinamarca. Tiene razón: algo huele mal, pero no sólo en Dinamarca.
 
 
 
 
ALGO HUELE MAL
La información da cuenta de que entre los “libros más vendidos” durante las últimas semanas  en España, Chile, Colombia y Argentina, se encuentra la trilogía “Cincuenta sombras de Grey”,  una saga de tres novelas escritas por la novelista británica E.L. James, “que describe la relación entre una recién graduada de la universidad, Anastasia Steele, y un joven magnate de negocios, Christian Grey. Se destaca por sus escenas explícitamente eróticas, con elementos de las prácticas sexuales que involucran: bondage/disciplina, dominación/sumisión, sadismo/masoquismo”. En Chile la lista se  completa con Amor, de Isabel Allende (“fragmentos sobre el amor y el deseo”) y Desnuda, de Raine Miller (“novela erótica sobre la relación entre una atormentada modelo y un atractivo millonario”)
La noticia se completa con la información de  que los millones de ejemplares vendidos  han significado pingües ganancias para las autoras (nótese: las tres  son mujeres  con más de medio siglo cada una),  las editoriales y  las librerías. El último eslabón de esta cadena son los lectores,  y la pregunta pertinente es: ¿han ganado o han perdido con su lectura?: si han ganado ¿qué? ¿acaso su espíritu se ha expandido, son más cultos y tienen mejores elementos para comprender el mundo y sus complejidades; han adquirido una mejor compresión  de lo que es el amor y la sexualidad? Y si  han perdido ¿ha sido sólo  tiempo y dinero?
Sin duda que la noticia es un  claro reflejo del pansexualismo que hoy domina la sociedad y que se expresa en  todos los ámbitos del quehacer humano: la moda, el lenguaje, el cine, la publicidad, el periodismo,  la música, la televisión  y también la literatura. El mercado tiene una amplia y variada oferta, para cualquier tiempo, para todos los gustos y para todas las edades:  las  ansias de placer sensual  se ha transformado en una verdadera droga  que se consume creyendo encontrar en ella  la   felicidad.  
Clive Staples Lewis, un profundo y sabio escritor inglés de comienzos del siglo pasado, en su libro “Cartas del diablo a su sobrino” destaca  al  materialismo y  a la “adoración del sexo”   como herramientas muy eficientes y eficaces para lograr la condenación eterna del género humano. Su intuición le hacía ver, ya en los años 30,  cómo  estos dos principios, a los que nuestra sociedad ha dado  carta de ciudadanía, “antes o después acabarán filtrándose a toda nuestra vida. De este modo avanzamos hacia una sociedad en que no sólo cada hombre, sino todos los impulsos de cada hombre exigirán vía libre en este aspecto, carte blanche”.
“Algo huele mal” dice Hamlet en la obra homónima de Shakespeare,  para señalar que algo no anda bien en  el reino de Dinamarca. Tiene razón: algo huele mal, pero no sólo en Dinamarca.
 
 
 
 


 

 

 

LA VIDA COMO TAREA


 

El año 1954 la escritora francesa Francoice Sagan publica, a los 18 años de edad, “Buenos días tristeza”, su primera novela. Relata la vida de Cécile, quien descansa con su padre  frente al mediterráneo francés, llevando un estilo de vida alegre y despreocupado, en medio del sol, del mar y del  ocio del verano. En eso y sólo en eso consiste su vida,  hasta el punto que  luchará con todas sus fuerzas  contra todo lo que se oponga a esa “felicidad”.  Sus acciones para conseguirlo la llevan tan lejos y causarán tanto daño, que sobreviene el arrepentimiento, el sin sentido de la vida y el despertar diario a un día que solo le ofrece tristeza.

Ese mismo año, en Inglaterra, John Ronald Tolkien publicaba su libro más famoso, “El señor de los anillos”. Su historia se desarrolla en la Tercera Edad del Sol de la Tierra Media, poblada  por muchas criaturas reales y fantásticas, como los elfos, los enanos y los hobbit, y narra el viaje del protagonista principal, el hobbit Frodo Bolsón, hacia el Monte del Destino para destruir el Anillo Unico, con la consiguiente guerra que provocará el enemigo para recuperarlo, ya que es la principal fuente de poder de su creador, el Señor Oscuro, Sauron.

Dos novelas, dos escritores, dos argumentos, dos modos opuestos de ver y vivir la vida.

Cécile, una buena exponente del hedonismo que domina en nuestra sociedad, hace del placer la finalidad de su vida. Individualista y nihilista,  hace que  el mundo gire en torno a su yo egoísta  y hará todo lo posible por consumar   sus intereses,  sus cosas y sus gustos, manteniendo lo más alejado posible todo  dolor y  sufrimiento. Su vida, plana y sin una tarea trascendente  que realizar, carece de encanto e inspiración.

Frodo, por su parte, ha recibido una tarea: destruir el anillo. El sabe que supone esfuerzo, vencimiento de obstáculos  y  conquista diaria, pero libremente lo acepta.  Su  vida cobra un sentido épico,  que supone  el empleo de  todas sus fuerzas y talentos para conseguir el éxito, “aunque no pueda, aunque le duela, aunque se muera”, porque hizo una  promesa a su tío Bilbo Bolsón y porque sabe que hay otros que saldrán beneficiados con su acción.

En el caminar de la vida a cada hora y en cada minuto hay que tomar una opción: ¿Cécile o Frodo?

 

EL HABITO LECTOR


 

Pese a que la Segunda Encuesta Nacional de Participación y Consumo Cultural da cuenta del importante crecimiento que viene mostrando el consumo de bienes culturales, aún mantenemos un bajo nivel lector. Si bien hay algunos  matices según sexo, grupo etáreo y nivel socio económico, el hecho fuerte es que la mitad de la población  afirma haber leído sólo un libro en los últimos 12 meses.

En concordancia con la “cultura audiovisual” que campea en el mundo, el consumo de libros está muy por debajo del cine,  televisión y  radio. Probablemente  sea imposible que alguna vez  se le acerque, pero plantea el bonito desafío de lograr la meta de una mejor “perfomance”  lectora en toda la población. No se trata de remplazar a esos medios de comunicación, entretención y cultura, sino de lograr un reparto más equilibrado del tiempo que se dedica a cada uno.

¿Cómo lograrlo?

Lo primero es el ejemplo: que los niños vean libros en sus casas y vean leer a sus padres. Luego, aún antes de que  sepan leer, el hábito lector debe empezar a formarse  a través de lo que los expertos llaman “lectura mediada”, en la que otro, principalmente el padre y/o la madre, operan de  mediadores entre el niño y el relato; luego vendrá la etapa en que el niño lee solo, en voz alta primero y después en silencio, y en esta etapa los libros  deben ser muy bien seleccionados por los padres y profesores, de acuerdo a la temática, el autor, la complejidad  e incluso el formato, para así asegurar la motivación por la lectura. En la edad juvenil sólo se deben dar criterios, permitiendo a los jóvenes elegir los libros, conforme a su edad e intereses; después, cuando adulto,  cada uno debe ser el responsable de lo que lee.

Aunque parezca un residuo oscurantista, un medievalismo impropio de la modernidad y un atentado a  la libertad - “mi vida es mía, de modo  que la vivo como quiero y hago lo que quiero” -, es bueno insistir en la importancia que, a  cualquier edad, tiene el consejo y la orientación a la hora de elegir un libro. No sólo importan los méritos literarios de la obra, el autor o el ranking,  sino también la moralidad de su contenido. Si la prudencia indica la conveniencia de informarse bien antes de tomar un  fármaco, por   el grave peligro que pueda traer para la salud del cuerpo, ¿por qué no hacer lo mismo con  los libros, para cuidar la salud del alma?