sábado, 25 de mayo de 2013

¡VIVA LA VIDA!


 

Pese a ser una muy importante noticia, ningún medio de comunicación la destacó: después de haber sido aprobado por unanimidad en el Senado de nuestro país, la Cámara de Diputados por 54 votos a favor y 35 en contra aprobó que, del mismo modo como sucede en otros países,  el 25 de marzo se celebre oficialmente el Día del Niño por Nacer. Chile dio así un paso fundamental hacia el reconocimiento de la vida desde la concepción, al niño en gestación y a la maternidad, otorgándoles la dignidad que se merecen.

Una antigua película  muestra a un hombre que desea suicidarse y le es dado ver,  a modo de contrapunto, cómo se desenvuelve la vida con y sin su presencia, observando todo lo que sucedería si él hubiera muerto y el curso diferente de tantos acontecimientos que fueron posibles porque estaba vivo. De una manera análoga, sería interesante hacer una película  con testimonios  de hijos que estuvieron a punto de ser víctimas de una  mano cobarde e imaginar su vida, la de sus padres y sus hermanos,  sus abuelos, sus tíos y amigos, si ellos no hubieran nacido. ¿Habría sido mejor el mundo, serían más felices sus padres? ¿Qué hubiera sido de la historia sin Aristóteles, sin Pitágoras, sin Leonardo da Vinci, sin Miguel Angel, sin Pasteur,  sin Bach…..sin Cantinflas, sin el Chavo, sin John Lennon, si sus madres les hubieran abortado?

Cada uno podría hacer este fácil ejercicio consigo mismo y darse cuenta de tantas cosas que han ocurrido en la vida, nada más que por haber nacido, por existir y ser lo que se  es; por haber estado ahí en ese preciso momento, por haber  dicho “te quiero”, por haber dado un apretón de mano, por perdonar, por dar un consejo, por haber dicho sí o por haber dicho  no; por haber rezado…. y porque , gracias a esas palabras y a esos gestos, la historia tuvo un transcurso que no habría tenido sin ellos. Al final de cuentas cada uno puede percibir con claridad que  siempre  vale la pena vivir la vida, porque es un don que no nos pertenece, valioso,   único, irrepetible, irremplazable e insustituible; porque siempre  es mejor que la muerte y, por fin, porque, como el título de esa otra maravillosa película italiana, “la vida es bella”.

El  aborto puede ser legal, pero no ha sido, no es ni será nunca  una opción moralmente legítima ya que nadie puede atentar contra la vida  de un ser humano, menos aún con la de quien no puede defenderse.

¡Qué paradoja: la vida  corre peligro en el lugar donde debiera estar más segura y  mejor protegida!

 

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