domingo, 18 de agosto de 2013

CITIUS ALTIUS FORTIUS


 

“Más rápido, más alto, más fuerte”  son las palabras que  pronunció  el barón Pierre de Coubertin en la inauguración de los Juegos Olímpicos, en 1896, en Atenas. Sintetizan el espíritu  que debe reinar en todas las personas que dedican parte de su tiempo libre al deporte,  excelente actividad no sólo de genuina diversión sino  también   recomendable para mantener una buena salud física, sicológica y moral. Y no únicamente     conveniente para  las personas, sino también para toda la sociedad (piénsese, por ejemplo,  en la incorporación a prácticas deportivas de personas en riesgo social o portadoras de alguna discapacidad física o sicológica). Así lo han entendido todos los países que han creado una red de instituciones  para desarrollarlos y promoverlos en toda la población.

 

Aunque frecuentemente se confunden los términos “deporte” y “actividad física”, en realidad no significan exactamente lo mismo. La diferencia radica en el carácter competitivo del primero, en contra del mero hecho de la práctica de la segunda. Y la diferencia es muy importante porque al ser por definición competitivo, el  deporte proporciona   una oportunidad magnífica de “crecimiento”, constituyéndose en un “instrumento  significativo para el desarrollo global de la persona y en factor utilísimo para la construcción de una sociedad más a la medida del hombre (…), donde el antagonismo cede su lugar al agonismo, el enfrentamiento al encuentro, y la contraposición rencorosa a la confrontación leal ”, tal como lo expresó el Papa Juan Pablo II  al inaugurar el Congreso Internacional del Deporte del año 2000.

Dar lo mejor de sí para superarse en forma  constante  -citius, altius, fortius – a fin de lograr metas y marcas cada vez   más exigentes; ejercitar la perseverancia y la paciencia; mejorar con   esfuerzo y   disciplina; tener tiempos fijos de descanso; desarrollar sanos y adecuados hábitos de  alimentación; dar lo mejor de sí en pos de la victoria - que se aceptará  con humildad -  saber perder con gallardía - reconociendo los méritos del contendor -  y respetar  y  cumplir con honradez  las normas que regulan toda competencia, son algunas de las virtudes que entrega esta excelente escuela que, al igual que el hogar y el colegio, es la práctica deportiva.

De lo anterior se desprende la necesidad urgente de llenar Chile de multicanchas para la práctica de deportes masivos, que no requieran de costosas instalaciones: fútbol, básquetbol, voleybol y handbol, son un buen ejemplo; proveerlas  con buenos baños,  camarines e iluminación; abiertas todo el día, con monitores pagados por el Instituto Nacional de Deportes; campeonatos inter barrios, inter municipios, provinciales y regionales. ¿Será mucho soñar?  Y para los que ven  todo bajo el prisma de los números, ¿no es este  un proyecto de alta rentabilidad para ofrecer, especialmente a los jóvenes, sanas  alternativas de diversión, disminuir la delincuencia y mejorar los estándares de salud? Sin duda que lo es.

 

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