domingo, 18 de agosto de 2013

LA DIVERSION JUVENIL


 

La   edad juvenil, que comienza con la tan irritante “edad del pavo”, es una  etapa del desarrollo humano que se manifiesta con cambios tan complejos, que muchos padres se sienten a veces superados,  y no saben cómo manejarla. Uno de los principales cambios es  el reclamo por un mayor grado de independencia para  realizar sus actividades   y una mayor autonomía para tomar decisiones.  

Los padres deben aceptar que sus hijos van creciendo y que es preciso ir soltando ciertas amarras y controles lógicos y necesarios para los niños, pero no para los adolescentes. Debe ir quedando atrás la sobreprotección y vigilancia que ejercen sobre sus hijos, permitiéndoles  tomar decisiones en forma independiente, dejándoles estar más tiempo fuera de la casa, siendo más generosos con los permisos, permitiendo que tengan sus propios puntos de vista y respetando  la  intimidad de sus corazones.

Los jóvenes, por su parte, deben ir aprendiendo a manejar responsablemente la independencia que se les va otorgando y ganar experiencia en el manejo de sus relaciones  de amistad. De esta forma, irán afirmando su seguridad, ganado en confianza y madurando su autoestima. Sin duda que recibirán otras experiencias que no armonizan con las propias, pero es parte del riesgo de la libertad que los padres deben aceptar: hay que permitir que los jóvenes pongan a prueba los modelos, las normas y principios  aprendidos en el hogar y en el colegio.

Como parte de su proceso de desarrollo, es normal que  los jóvenes quieran reunirse con sus pares al margen de toda autoridad, sin la presencia de adultos, especialmente de sus padres,  para desarrollar juntos ciertos rituales, conversar sus temas, hacer deportes y divertirse. Es en este contexto en el que hay que ubicar las salidas y las fiestas, que forman parte de su desarrollo personal, pero que, como todas las  actividades humanas, deben realizarse conforme a ciertas normas y tener los límites que dicte la prudencia.

¿Por qué se ha impuesto un modelo de diversión que crea tanta alarma en muchas familias, basado en la apología del exceso, el aturdimiento y el consumo de alcohol?

Sin duda que los padres tienen su parte de culpa puesto que no han actuado con la anticipación debida  fijando el marco dentro del cual se otorgarán los permisos;  el cuándo, el dónde y el  con quién; y la hora y las condiciones del regreso a casa, que  no pueden quedar al voleo.

La sociedad, por su parte, tiene también su importante  cuota de responsabilidad pues no ha sido capaz de presentar a los jóvenes formas alternativas y atractivas de uso de su tiempo libre.  Crear espacios urbanos adecuados y  desarrollar masivamente el deporte amateur podrían ser dos caminos posibles de solución, para empezar.

 

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